☻¡¡нσℓα α тσ∂σѕ ℓσѕ νιѕιтαитєѕ!!☻

19 octubre 2009 at 8:39 (Uncategorized)

Aquí acaba todo, ya este año acaba nuestra elaboración del blog, espero que todos los que le hayan echado un vistazo en particular al mio les haya gustado y se hayan concienciado de lo que en realidad significan los derechos y deberes de los ciudadanos. Para terminar me gustaría colgar dos videos de los que mas me han gustado a la largo de estos tres trimestres. Adios!!!!!!!!!!

Eѕтє  αñσ  ¢σмσ  єℓ  αηтєяισя,  ℓα  ¢ℓαѕє  ∂є  2º  вн  ∂є  нυмαηι∂α∂єѕ, ησѕ  ∂ιѕρσηємσѕ  α  єℓαвσяαя  υη  вℓσg  яєℓα¢ισηα∂σ  ¢ση  ℓσѕ  ∂єяє¢нσѕ  у  ∂євєяєѕ  ∂є  ℓσѕ  ¢υι∂αdaησѕ.

Pєяѕσηαℓмєηтє,  мє  нα  ѕι∂σ  αѕιgηα∂σ  єℓ  ∂євєя  ηúмєяσ  24  ∂є   ℓα  ∂є¢ℓαяα¢ιóη  ∂є  ∂євєяєѕ  у  ∂єяє¢нσѕ  qυє  ∂ι¢є   Dєвєя  у  яєѕρσηѕαвιℓι∂α∂  ∂є  яєѕρєtαя  у  αѕєgυяαя  ℓα  αυѕєη¢ια  ∂є tσяtυяα,  ∂є  tяαtσѕ  σ   ¢αѕtιgσѕ  ¢яυєℓєѕ,  ιηнυмαησѕ  у  ∂єgяα∂αηtєѕ”.

A  ℓσ  ℓαяgσ  ∂є  тσ∂σ  єℓ  ¢υяѕσ,  νσу  α  ιя  α¢тυαℓιzαη∂σ  у  ¢σℓgαη∂σ  мáѕ  ιηƒσямα¢ιóη  α¢єя¢α  ∂є  єѕтє  ∂євєr.

guiño

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¿Te ha conmovido?

14 diciembre 2009 at 9:30 (Uncategorized)

¿Te ha conmovido esta historia?

Sía ha sido así es que tienes algo de corazón y eres capaz de luchar por el bien de los demás. Por culpa de gente que no es capaz de dar la cara por los demás, se cometen muchas injusticias en el mundo. No seas uno de ellos y se capaz de defender tanto tus derechos como los de los demás que son igual de importantes aunque no te repercutan.

Gracias a la denuncia de vecinos, amigos e incluso de desconocidos, personas maltratadas o que se encuentren en situación parecida, son capaces de salir del infierno en el que cada una personalmente esta viviendo.

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9 diciembre 2009 at 20:33 (Uncategorized)

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Basado en hechos reales

17 noviembre 2009 at 18:41 (Uncategorized)

Esta es una historia bastante conmovedora, escriba por una persona muy valiente, que sola y con la ayuda de sus verdaderos amigos, fue capaz de seguir adelante, y salir de ese infierno de vida que era estar al lado de su marido, el cual la maltrataba no tan solo físicamente, sino también psicológicamente.

No es una historia copiada de internet ni inventada, sino de una amiga que cuenta y se desahoga a través de estas letras, por todo aquello que sufrió y consiguió vencer y dejar atrás.

Es algo larga pero merece la pena leerla, escrita por ser la única manera de poder expresar lo que sentía por dentro y no podía expresar al resto del mundo.

Va por ti   “awelita”!!!



A FLOR DE PIEL

Hoy, por primera vez, he podido captar su pensamiento; ahora ya sabe que estoy creciendo dentro de ella. Puedo notar su miedo, lo lleva grabado en cada célula de su cuerpo, en cada recuerdo y lo compartimos todo.

Sin darse cuenta sus pies pisan la arena de la playa. Esta playa solitaria, a unos pocos cientos  metros del pueblo, es su refugio cuando el mundo se le acaba y necesita esconder su miseria y vergüenza a la mirada de los demás. Aquí se siente casi segura, le gusta caminar descalza mientras nota la arena en los pies. No importa que haga frío, mejor así, nadie se atrevería a pasear con este tiempo por una  pequeña playa a la que el turismo apenas llega ni en verano.

Muchas veces se ha imaginado acercándose a esa roca grande, la primera que recibe las olas cuando hay temporal, y ha deseado dejarse llevar por el agua embravecida, sin luchar, entregándose mansamente, casi amorosamente, agradecida por acabar para siempre con su sufrimiento. En un gesto involuntario pone sus manos sobre el vientre, me acaricia a mí, con un instinto protector que, hasta hoy, creía no tener. Ella no lo sabe, pero escondida en su corazón hay una pequeña esperanza que se resiste a morir. Vuelvo a notar su miedo, el corazón desbocado y una sola pregunta: ¿Cómo voy a decírselo?-

Haciendo un gran esfuerzo vuelve a casa, sin ganas, antes que él llegue, rezando para que  esté de buen humor y el día acabe en paz. No entiende como han llegado a esta situación; ella le quiere y se ha preguntado un millón de veces por qué él no se da cuenta de esta entrega sin condiciones. -¿Qué más puedo decirle, qué más puedo hacer para demostrárselo?-

Las llaves se oyen en la cerradura y todo su cuerpo se tensa, aguanta la respiración esperando oír como se cierra la puerta. Si él supiera hasta que  punto depende de su estado de ánimo…es feliz si sonríe, quisiera morirse cada vez que oye sus gritos.

Después de la última bronca, hace unas semanas, prometió cambiar y necesita creerlo con todas sus fuerzas…pero han sido demasiadas promesas incumplidas, demasiadas veces las que ha oído que no volverá a ocurrir y ha perdido la esperanza.

-¡Sería maravilloso que fuera verdad, ahora hay una buena razón!- Sin querer pone las manos sobre su vientre, de nuevo.

Durante la cena la misma pregunta desde hace muchos años: -¿Qué has hecho hoy?- Ella, obediente, le va explicando paso a paso como ha transcurrido su día. Está cansada de este ritual macabro. Se siente como una niña recitando la lección  a un profesor, cruel, que espera el más mínimo fallo para castigarla. Lo que, al principio, parecían comentarios inocentes, se convirtieron en interrogatorios con el único fin de controlarla y aislarla del resto del mundo. –Es por tu bien, sólo quieren aprovecharse de ti. No te fíes de nadie- A pesar de todo sabe que lo hace por amor, quiere creer que la ama tanto como ella a él…aunque de una forma distinta. -Los hombres no saben expresar sus sentimientos como nosotras, en el fondo sé que me quiere y sólo desea lo mejor para mí-

Ha llegado el momento de decírselo, respira hondo. Le explica su visita al médico y el resultado positivo de embarazo. Las palabras se le congelan en la boca al ver su mirada. ¡Cuanta furia hay en sus ojos! Es como estar en medio de las vías del tren y al  levantar la cabeza verlo a pocos metros, rápido, silencioso, mortífero; se quedaparalizada  por el pánico, sabiendo que no puede hacer nada para evitarlo. Le da la sensación que el tiempo y su corazón se han detenido, pero yo lo oigo latir, muy rápido.

Sabe lo que va a pasar ahora, es un “déjà vu” demasiado conocido para ella, por eso todo es una súplica, muda, repetida mil veces:-¡Por  favor, por favor, otra vez no!-

Lo siguiente que se oye es el golpe que él da en la mesa, con el puño crispado, y la palabra que escupe entre dientes -¡Puta!- Oigo esa voz grave y comprendo su miedo; es apenas un susurro lleno de amenazas que se convertirá, muy pronto, en violencia sin control -¿Por qué me haces cabrear siempre?- pregunta con voz triste para pasar, acto seguido, a los insultos y la agresividad -¿A quien te has tirado, puta? Ya no tienes bastante conmigo ¿Verdad?-

Un plato se estrella en el suelo y ella salta al oír como se rompe -¡Te estoy hablando a ti, contéstame!- Empieza a subir el tono de voz y ella cierra los ojos con fuerza. Siente como le agarra de la muñeca, a través de la mesa, mientras con la otra mano barre lo que hay a su alcance. Vasos, platos, comida, cubiertos, todo acaba mezclado en el suelo con un estruendo que le encoge aún más el corazón. La oigo suplicar con un hilo de voz: – Me haces daño, sabes que sólo te quiero a ti…suéltame, por favor-  Empieza a llorar en silencio, la cabeza baja, incapaz de mirarle a los ojos por miedo a lo que vea en ellos.

Él continúa preguntando, acusando sin tener prueba alguna, sin soltarla, apretando cada vez más; hiriéndola en el cuerpo y el alma. Su única defensa es perderse como ha tenido que hacer, demasiadas veces, en los últimos años. Noto como su mente se va de aquí, todo se va borrando, se vuelve gris; imagina que está en su playa, caminando descalza como siempre, dejando que el agua acaricie sus pies. Apenas oye ni siente, sólo respira. Hay una especie de paz interior que le permite sobrevivir y me dejo ir con ella. Ahora todo es gris.

El tiempo pasa y su cuerpo va cambiando, el mío crece. Unos cuantos centímetros en los que se adivinan brazos y piernas, unos ojos aún ciegos, un pequeño corazón latiendo rápido y poco más, pero nuestra conexión se hace cada vez más intensa; la oigo respirar y pensar, ella nota como me muevo dentro de su vientre…  ¡Y me acaricia y sonríe y, a veces, me habla  mientras pasea por esa playa solitaria!

Tiene miedo, de vez en cuando lo sorprende mirándola y no le gusta la desesperación que ve en sus ojos, cada día es peor.

Recuerda su vida y se da cuenta que hay muchas lagunas en gris. Ha vivido desconectada del mundo esperando que pasaran los días; sin nadie en quien confiar porque él no se lo permitía, mendigando una palabra tierna o un gesto de respeto que nunca llegaban. ¡Hubiera sido tan fácil hacerla feliz! Sólo necesitaba un “te quiero” para enamorarla de nuevo, pero eso también se lo negó; a cambio la insulta, la humilla; le ha hecho creer que, como persona, es una inútil, y como mujer algo peor todavía. Esta ha sido su Biblia aprendida a base de miedo y desamor por eso cuando llora lo hace con la desesperación de una condena eterna.

Ahora ha decidido luchar por mí, cree que yo le he dado la fuerza necesaria, pero se equivoca, ha sido ella y sus inmensas ganas de ser feliz. Sólo necesitaba una razón para vivir y él se la dio aquella noche cuando quiso ejercer, medio borracho, su derecho a poseerla sin amor, usando su cuerpo. Esto, igual que otras muchas cosas que deberían ser una prueba de complicidad y cariño en una pareja, se convirtió en la peor muestra de desconfianza y posesión.

Ya tengo dedos en las manos y los pies y he descubierto que me gusta jugar con ellos. A veces duermo tranquilo, otras veces me muevo dentro de su vientre… pero siempre oigo sus pensamientos, por eso sé que hoy es feliz. Sale a la calle luciendo su embarazo y se da cuenta que la gente la mira y sonríen. No sabe el brillo que hay en sus ojos, no imagina la felicidad que contagia a todos.

Hacia mucho tiempo que no se sentía tan bien, por unos instantes quiere creer que él cambiará. Podrían ser una familia normal, con los problemas típicos de cualquier familia de este mundo. Está dispuesta a olvidar todo lo malo que ha vivido, sin pedir explicaciones, sin reproches. Borrón y cuenta nueva, perdón absoluto. -Si me esfuerzo un poco más creo que todo irá mejor… tiene muchos problemas en el trabajo y siempre llega nervioso a casa…no es culpa suya, estoy segura que, poco a poco, se dará cuenta del daño que nos hace y cambiará… ¡Tiene que hacerlo por nuestro hijo!-

Siente la vida a flor de piel y decide regalarme mi primer juguete, un muñeco de peluche que le recuerde este día tan especial, ¡cuando volvió a ser feliz! Le apetece pasear al tibio sol de la tarde y sonreír al cruzarse con la gente.

Al llegar a casa aún tiene la sonrisa en la boca. Él la espera, nervioso. No puede evitar temblar cuando lo ve así, sólo con su voz amenazante, consigue que se convierta en una niña pequeña y asustada- ¿Dónde estabas?- Le da un empujón que la coge desprevenida  y casi la tira al suelo. Su corazón late tan rápido como el mío, puro miedo.

-¡Vamos, estoy esperando que me contestes!- En su mente sólo hay una cosa:     – Que no le haga daño a mi hijo, a él no- Se va acercando a ella,  casi escupiéndole en la cara, mientras continua gritando -¿Estás sorda? Además la señora se va de compras, ¿no?- Instintivamente da un paso atrás mientras se cubre el vientre con las manos, quiere protegerme. -No tienes bastante con que yo te mantenga, inútil, encima te gastas mi dinero en tonterías. ¿Qué es ésta mierda?- Le pregunta mientras saca el muñeco de peluche, de la bolsa, y la mira con los ojos enrojecidos por el alcohol -¡Puta, si piensas que vas a quedarte con eso, cuando nazca, estás loca; no es mío, no lo quiero en mí casa!- A pesar de los gritos y aunque está temblando, por primera vez, se atreve a mantenerle la mirada, sin lagrimas, y le responde serena: – Es tu hijo, nuestro hijo-  Él se sorprende y suelta una risotada sin humor -¡Hombre! Encima te atreves a plantarme cara, si te echo a la calle tendrás que irte debajo de un puente… ¿O crees que tú sola serías capaz de vivir? ¡Mírate!, eres patética y estás gorda ¡Das vergüenza!- Sabe que él tiene razón, se siente gorda e inútil. En un gesto de sumisión agacha la cabeza, quisiera esconderse en un rincón oscuro donde nadie pudiera verla. Continúa insultándola:   ¿Crees que alguien te daría trabajo? Si no fuera por mí te morirías de hambre.  Para lo único que sirves es para quitar mierda porque en la cama tampoco eres nada del otro mundo. ¡Ni eso sabes hacer bien!-

Esa voz llena de odio y ella me contagia su miedo. Oigo su pensamiento, casi a gritos.- ¡Que no me haga daño, por favor, que no me haga daño!

Con una sonrisa sádica que hiela la sangre, coge el muñeco y empieza a destrozarlo, mientras le grita: – ¡Mira lo que hago con tu regalito, puta!- Dentro de su cabeza pasa algo; es como si al hecho de romper una cosa física añadiera el de romper la fina línea que lo separa de un animal. Contempla los trozos del muñeco, desperdigados por el suelo, jadeando por el esfuerzo y los gritos.

Por unos segundos la mira a los ojos y, en ese instante, descubre que él también tiene miedo: a perderla para siempre. Sólo con imaginar que pueda abandonarlo se le acaba la vida. En el fondo es tan victima como ella. Verdugo y victima, a la vez, de unos celos enfermizos, de una inseguridad total, de un amor tan grande y retorcido que ha destrozado sus vidas.

Siente pena y ternura por él. Quisiera poder ayudarle, decirle que los dos juntos pueden luchar, aún, por su amor, que necesitan darse otra oportunidad y ser felices.

Con una mezcla de miedo y cariño le tiende una mano, temblorosa, intentando evitar lo inevitable. Le suplica pensando en mí:- Te quiero, no me hagas daño, por favor- Para él es demasiado tarde, ha traspasado ese punto sin retorno; vuelca todo su miedo y frustración sobre ella de la única forma que conoce… a golpes.

El primer puñetazo le revienta los labios y hace que caiga al suelo, casi inconsciente. De repente todo negro y un sólo pensamiento: – ¡A mi hijo no!-

La tiene rendida a sus pies pero no se apiada de ella, continúa golpeando, gritando, dándole patadas. Se encoge echa un ovillo, como yo, las manos sobre el vientre para evitar que me haga más daño. Esta vez es imposible escapar a su playa, al mundo gris, su dolor y el mío son demasiado reales. Nota cada golpe en su cuerpo y piensa en mí. De repente silencio, después un portazo; se ha ido.

Se siente como el muñeco roto en mil pedazos. El cuerpo destrozado, casi no puede respirar, ni abrir los ojos o hablar. Hace un gran esfuerzo para no perder la poca consciencia que le queda. Sabe que la vida se nos escapa, gota a gota, por todas sus heridas y tiene miedo; pero es un miedo distinto del que conocía hasta hoy. No es por ella, es por mí. Está dispuesta a sacrificarse para que yo viva.

A pesar del dolor que le supone cualquier movimiento, me acaricia suave, entre gemidos, y me habla bajito.- No tengas miedo mi niño, no tengas miedo, estoy aquí contigo.- En estos momentos me siento más unido a ella que nunca. Sé que ahora puede oír mi pensamiento y le susurro antes de quedarme dormido, para siempre, entre sus brazos: -¡Te quiero mamá!-

Está en la playa y camina hacia esa roca grande, la primera que recibe las inmensas olas cuando hay temporal. Se queda quieta esperando que el agua la acoja y le dé paz, para siempre.

Hace mucho viento pero no lo nota, como tampoco nota las gotas heladas sobre su cuerpo. No siente nada. Negro, ausencia. Oye gritar una y otra vez: ¡No, no, no! y sabe que es ella la que grita, siempre. Rojo, dolor, mucho dolor. Ahora el mar está en calma y pasea por la playa, descalza. Oye su nombre susurrado en el lejano graznido de las gaviotas, nota sus alas acariciándole con delicadeza la piel. Negro, ausencia.

Estos son sus primeros recuerdos y sensaciones después de aquello. Miradas de comprensión y ternura, la pena que veía en esos ojos sin saber, aún, la razón. El momento en que preguntó por su hijo, con  los labios hinchados, balbuceando medio inconsciente. Rojo, dolor, pero esta vez le atravesó el corazón.

Fue imposible hacerles entender que una vida así sólo  puede soportarse por una razón, por amor y después por miedo. Palabra maldita: ¡Miedo! Eso no podrá perdonárselo jamás. Después de tantos años parece como si se lo hubiera grabado, a fuego, en cada centímetro de su piel. Fue una tarea paciente, constante y muy cruel, pero dispuso de mucho tiempo y empeño. Al final consiguió que ella supiera el significado de esta palabra en toda su extensión. Duele mucho más que las cicatrices que adornan su cuerpo, ya ha aprendido a no verlas,  ¡pero el miedo!, lo lleva en su corazón a cada instante. Miedo a no ser capaz de sobrevivir, al trabajo, a los sentimientos, a la gente en general, a los hombres en particular, a levantarse cada mañana y acostarse cada noche, a cualquier llamada de teléfono, a mirar a los ojos de las personas con las que habla, ¡a vivir, simplemente!.

-¿Como puede entenderlo, el resto del mundo, si ellos no lo han sufrido? ¿Como les explicas que la persona que amas, en la que confías ciegamente, es capaz de torturarte y anularte aprovechando que conoce tus miedos y debilidades más profundas? – No, no lo entenderán nunca-

Con el tiempo comprende muchas cosas; que él era un enfermo y necesitaba ayuda. Que ella también la necesitaba  pero llegó demasiado tarde y arruinó su vida.

Hace casi tres años de aquello. Exactamente dos años, once meses y seis días, sabe que nunca podrá olvidarlo ¡ojalá pudiera! Se acabó pedir perdón por cosas que no había hecho; rezar para que la copa que él estaba bebiendo fuese la última de esa noche;  dormir en posición fetal, con las manos en la cara, para evitar que le pegara mientras descansaba;  caminar con la cabeza baja, a su lado, para no tener que saludar a nadie por la calle porque sabía que después vendría el interrogatorio: -¿Quién es esa puta, de qué la conoces? ¿A ése también te lo has tirado?- ; controlarle la ropa interior que usaba o cuantos días le duraba la menstruación; el recuento de vasos y platos que se utilizaban mientras estaba ausente;  repasar la factura de teléfono, número por número, para saber a quién había llamado;  tumbarse en la cama y dejarlo hacer para que no la acusara de acostarse con todos, sentir terror cada vez que entraba en la cocina y lo oía abrir el cajón de los cuchillos; la frase: “ten cuidado, tú puedes ser la próxima” al escuchar la noticia de otra mujer asesinada por su pareja; la vergüenza de tener que excusarlo, ante los vecinos, después de alguna bronca;  dejar preparado el bolso, con su carnet y las llaves, siempre a mano y en un lugar estratégico, por si tenía que salir huyendo en cualquier momento, pero mucho antes que eso, las veces que estuvo con un montón de pastillas en la mano dispuesta a acabar para siempre con todos su miedos.

Ahora sabe que muchos de los catalogados suicidios en realidad son asesinatos con una agonía muy lenta; con años, décadas tal vez, de desesperación por medio y con sólo una salida. Primero les matan el corazón, después el alma. Nada puede ser peor que vivir así. Es la única decisión que les dejan tomar y la asumen totalmente.

Aún se despierta, de vez en cuando, por la noche, gritando empapada en sudor y con un ataque de ansiedad. Entonces busca el rincón más oscuro de la casa y se queda allí, acurrucada en el suelo, esperando a que sus demonios se olviden de ella, por unos días. No recuerda lo que ha soñado, pero no le hace falta saberlo. Su cerebro le quiere ahorrar el mal rato, su cuerpo es más perseverante…es cómo si lo llevara tatuado en cada célula.

Ahora vive lejos, muy lejos de aquella playa solitaria. Aquí también tiene un rinconcito que ha hecho suyo, en otro lugar, en otro pueblo cerca del mar, le gusta el mar. A veces recuerda, con una sonrisa triste, sus primeros intentos de incorporarse a la vida cotidiana. Lo difícil que fue tomar decisiones importantes sin poder contar con nadie, lo mal que lo pasaba al tener que compartir el trabajo con hombres, el simple hecho de su proximidad física era suficiente para desencadenarle ataques de pánico, o una vez que su jefe le llamó la atención, por un error sin importancia, acabó encerrada en los vestuarios, sentada  en un rincón llorando y sintiéndose una inútil.

Ha tenido que ir superando todos estos miedos con mucho coraje y ganas, pero cuando llega a su casa por la noche, después del trabajo, sabe que es sólo una fachada; la coraza que la protege del resto del mundo y que se coloca, cada mañana, junto con la ropa. Algún día no la necesitará y sabe que, a partir de ese momento, sus demonios no volverán nunca más…aunque sigan ahí para siempre. Nadie podrá ahorrarle todo el dolor que ha sufrido, le toca a ella reconciliarse con su vida.

Desde hace unos días siente la necesidad de exorcizar su pasado. Tendrá que hacerlo tarde o temprano, pero todavía no cree estar preparada. Necesita tiempo y piensa dárselo, cuando lo haga quiere estar segura del todo.

Cada día sale a pasear por la playa y se cruza con los habituales de esa hora, se conocen todos y se saludan cómo vecinos. Ya es una más del pueblo, pero nadie sabe de su historia, no quiere que la compadezcan, no quiere remover el pasado; sencillamente es una mujer separada, como tantas, trabajadora, como todas y un poco solitaria.

Hoy es el día, se ha levantado muy temprano, casi al amanecer. Prepara una mochila con todo lo necesario y se pone un chándal viejo. Conoce el camino muy bien, lo hace a menudo desde que descubrió ese rincón tranquilo. Mientras camina va repitiendo, una y otra vez, como en un mantra: -A partir de ahora será distinto-

Por fin llega a su refugio preferido y se queda quieta, admirándolo. La primera vez que lo descubrió, en uno de sus largos paseos, se emocionó hasta llorar. Le recuerda a su antigua playa, aunque esta es más acogedora y la arena tiene otro color. Aquí también hay una roca que se atreve a plantarle cara  a los temporales, muy por delante de las demás. Cuando el mar está quieto, como hoy, es muy fácil llegar hasta ella, sólo hay que seguir el camino de piedras sin necesidad de mojarse ni los pies. Deja la mochila sobre la roca y durante un rato se dedica a captar cada matiz de azul y verde del agua, el reflejo del sol en un mar casi inmóvil, a mirar el color  increíble  del cielo.

Recuerda otros días, en otra playa, cuando paseaba cantando nanas al hijo que llevaba en su vientre; en esos momentos era feliz y ahora quiere volver a serlo. No permitirá que le destrocen la vida otra vez. Algún día, quizás, volverá a enamorarse de un hombre maravilloso que la ame sin dolor. Durante todo este tiempo ha intentado olvidar, es inútil; necesita asimilarlo y guardarlo en un rincón de su alma, sólo así dejará de doler. Cree que sabe como hacerlo y será hoy, ahora. Saca el bloc de su mochila y se sienta sobre la roca, apoyando la espalda en otra. Será largo y doloroso, quiere comenzar ya.

La primera pagina en blanco, nunca ha escrito nada y no sabe como empezar, no importan las palabras, sólo los sentimientos. Recuerda momentos de felicidad y otros de inmensa tristeza; una mirada de él cuando aún no era violento y sabia amarla con ternura o la primera vez que le pegó. La sensación de terror cada vez que le gritaba, la incredulidad al saber que llevaba un hijo dentro de ella, que fue transformándose en cariño y amor sin limites con el tiempo; el dolor de perderlo de aquella forma tan brutal y el sentimiento de culpabilidad por no haberlo evitado…de cualquier manera.

Son demasiados sentimientos silenciados, durante demasiado tiempo, sin hablarlos en voz alta, sin atreverse a confesarlos a nadie, nunca. Duele, duele mucho;                    empieza a llorar y esta vez no es en silencio, ya no tiene porque callar, ni agachar la cabeza ante nadie. Se siente liberada de un peso que la estaba matando, poco a poco, está limpiando su alma, ¡por fin!

Se da cuenta que el papel está mojado, no le importa. No escribe para nadie, sólo es para ella. Si es capaz de plasmar todos sus recuerdos y miedos en estas paginas en blanco, podrá vivir en paz el resto de su vida. Habrá muchas más lagrimas, está segura, pero no todas serán de tristeza.

Las manos le tiemblan, escribe la primera palabra…después otra y otra. Al ver lo que ha escrito, sonríe entre lágrimas. Está borroso pero aún se puede entender. Así siente su vida, ahora, y decide que es un buen principio.

Su voz se une al rumor del agua mientras lo lee, por primera vez, en voz alta:

– A flor de piel-

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¡Involúcrate, no seas cómplice!

16 noviembre 2009 at 9:44 (Uncategorized)

Dentro de poco subiré una historia basada en hechos reales de una mujer maltratada por su marido, y mientras que todos sus vecinos lo sabían y escuchaban día tras día, las voces, los gritos y los golpes, no fueron capaces de denunciar ni de actuar para poder salvarla de ese infierno.

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